Dado que algunos no quieren o no pueden pagar $100 al mes por la membresía premium de Reporte Índigo y abusando de mi buena fé (y de que se me hace una putada que cobren y de esa manera excluyan a mucha gente del acceso a sus interesantes contenidos) les comparto un fragmento de este reportaje que publicó la revista digital en su número 23 del año 2010. A ver qué les parece, y si les late, continuaré abusando de la membresía.
Las autoridades locales lo niegan de manera sistemática, pero de acuerdo con fuentes de seguridad federales y de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), todos los cárteles de la droga tienen plaza y operan en la capital.
La relación que mantienen con nuestra ciudad pasa necesariamente por Tepito, puente entre las redes criminales del interior del país y las de la capital.
La guerra contra el narcotráfico se verá modificada en toda la nación a partir del 20 de agosto, cuando se vence el plazo de un año para que las entidades estatales y el DF hagan las adecuaciones a sus leyes locales y persigan a los narcomenudistas –algunos de los cuales son sicarios también–, que pasarán a ser penalizados en el fuero común.
Se verá ahora cómo las autoridades del DF encaran el narcotráfico en zonas tan calientes como Tepito, y si son capaces de darse abasto en el objetivo estratégico de impedir la expansión de los cárteles, que lucharán cuadra por cuadra en su guerra territorial. Los operadores locales y matones de los grandes consorcios del crimen jugarán un papel relevante en este replanteamiento.
Da ‘estatus’ ser matón
De acuerdo con informantes del “barrio bravo”, ser sicario les imprime un “estatus”, un aura criminal especial. Es algo apreciado por los demás. “Está de moda, y nadie se mete contigo cuando sabe que ya has matado a dos o tres personas”, comenta un joven que suele reunirse con otros en la calle de Panaderos. “Y así es más fácil que te contraten los de ‘La Familia’ y ‘Los Zetas’ para hacer más chambas, para matar”.
Hay muchos jóvenes que asimilan el look de los sicarios: cabeza rasurada en los lados y atrás, y el cabello pintado de rubio arriba y modelado con gel. Como reggaetonero. Cejas depiladas. Arete. Tenis Nike nuevos, pantalón de mezclilla de marca y playera.
Poseen una moto pequeña –Yamaha Biwis BWS 100 o una marca ZIP–, fácil de maniobrar, no tan ruidosa como las grandes, y andan en ella en pares, platica un joven miembro de una banda que opera en la sangrienta colonia Valle Gómez de la delegación Venustiano Carranza.
Viernes y sábados forman “caravanas” de más de 100 unidades –aparte de autos– que son perseguidas a menudo por la policía. Van al parque conocido como “El Oscurito”, pasan por Tlatelolco y a las 4am regresan. Las cámaras de vigilancia de Matamoros y Carranza salen sobrando. Las vecindades tienen doble salida y los policías reciben dinero, dicen los vecinos.
Muchos de estos chavos, relata una vecina de la calle Jesús Carranza, “son contratados por ‘Los Zetas’ y ‘La Familia’ para primero extorsionar a la misma gente de Tepito, que ya no respetan. Sobre todo los de la Morelos, los del otro lado del Eje 1, de las calles Mineros y Panaderos. Como son chicos, se dejan manipular. Y si van a matar, les pagan una buena lana, porque no cualquiera se avienta”.
En las conversaciones hay un tema recurrente: la presencia de los cárteles grandes en Tepito. Se sabe que llegan los de “La Familia” y “mueven a la banda”. Los entrenan y contratan. Los chavitos se sienten poderosos así, e impunes; actúan con prepotencia contra quien sea, porque se sienten protegidos por ese cártel. Se matan también entre ellos.
“A cada rato se oyen balazos en la calle Bartolomé. Nos hemos enterado que mataron a uno u otro chavo que conocíamos, muy chavitos. Desde una moto o desde un carro. Con armas de uso exclusivo del Ejército o con armas grandes, ‘cuernos de chivo’… Los diarios publican esto al otro día”, explica un habitante de esa calle.
No es necesario comprar armas: te las da quien te contrata. Y así, uno conduce la Biwi y el otro dispara. Hay que encomendarse a la Santa Muerte y traerla tatuada de preferencia, en el hombro o en la espalda. Otros son santeros o devotos de San Judas Tadeo.
La relación que mantienen con nuestra ciudad pasa necesariamente por Tepito, puente entre las redes criminales del interior del país y las de la capital.
La guerra contra el narcotráfico se verá modificada en toda la nación a partir del 20 de agosto, cuando se vence el plazo de un año para que las entidades estatales y el DF hagan las adecuaciones a sus leyes locales y persigan a los narcomenudistas –algunos de los cuales son sicarios también–, que pasarán a ser penalizados en el fuero común.
Se verá ahora cómo las autoridades del DF encaran el narcotráfico en zonas tan calientes como Tepito, y si son capaces de darse abasto en el objetivo estratégico de impedir la expansión de los cárteles, que lucharán cuadra por cuadra en su guerra territorial. Los operadores locales y matones de los grandes consorcios del crimen jugarán un papel relevante en este replanteamiento.
Da ‘estatus’ ser matón
De acuerdo con informantes del “barrio bravo”, ser sicario les imprime un “estatus”, un aura criminal especial. Es algo apreciado por los demás. “Está de moda, y nadie se mete contigo cuando sabe que ya has matado a dos o tres personas”, comenta un joven que suele reunirse con otros en la calle de Panaderos. “Y así es más fácil que te contraten los de ‘La Familia’ y ‘Los Zetas’ para hacer más chambas, para matar”.
Hay muchos jóvenes que asimilan el look de los sicarios: cabeza rasurada en los lados y atrás, y el cabello pintado de rubio arriba y modelado con gel. Como reggaetonero. Cejas depiladas. Arete. Tenis Nike nuevos, pantalón de mezclilla de marca y playera.
Poseen una moto pequeña –Yamaha Biwis BWS 100 o una marca ZIP–, fácil de maniobrar, no tan ruidosa como las grandes, y andan en ella en pares, platica un joven miembro de una banda que opera en la sangrienta colonia Valle Gómez de la delegación Venustiano Carranza.
Viernes y sábados forman “caravanas” de más de 100 unidades –aparte de autos– que son perseguidas a menudo por la policía. Van al parque conocido como “El Oscurito”, pasan por Tlatelolco y a las 4am regresan. Las cámaras de vigilancia de Matamoros y Carranza salen sobrando. Las vecindades tienen doble salida y los policías reciben dinero, dicen los vecinos.
Muchos de estos chavos, relata una vecina de la calle Jesús Carranza, “son contratados por ‘Los Zetas’ y ‘La Familia’ para primero extorsionar a la misma gente de Tepito, que ya no respetan. Sobre todo los de la Morelos, los del otro lado del Eje 1, de las calles Mineros y Panaderos. Como son chicos, se dejan manipular. Y si van a matar, les pagan una buena lana, porque no cualquiera se avienta”.
En las conversaciones hay un tema recurrente: la presencia de los cárteles grandes en Tepito. Se sabe que llegan los de “La Familia” y “mueven a la banda”. Los entrenan y contratan. Los chavitos se sienten poderosos así, e impunes; actúan con prepotencia contra quien sea, porque se sienten protegidos por ese cártel. Se matan también entre ellos.
“A cada rato se oyen balazos en la calle Bartolomé. Nos hemos enterado que mataron a uno u otro chavo que conocíamos, muy chavitos. Desde una moto o desde un carro. Con armas de uso exclusivo del Ejército o con armas grandes, ‘cuernos de chivo’… Los diarios publican esto al otro día”, explica un habitante de esa calle.
No es necesario comprar armas: te las da quien te contrata. Y así, uno conduce la Biwi y el otro dispara. Hay que encomendarse a la Santa Muerte y traerla tatuada de preferencia, en el hombro o en la espalda. Otros son santeros o devotos de San Judas Tadeo.



























